El legendario camino serrano en el este de San Juan
En las entrañas del Parque Natural Valle Fértil, una de las áreas protegidas más grandes de la República Argentina, existe un antiguo camino de herradura que ha comunicado durante siglos las poblaciones más aisladas y remotas del este de la provincia de San Juan, en la cima de las Sierras de Valle Fértil - La Huerta. Transitado por las nuevas generaciones, descendientes de quienes lo diseñaran y construyeran, su uso continúa hasta la actualidad.
En las entrañas del Parque Natural Valle Fértil, una de las áreas protegidas más grandes de la República Argentina, comienza un viaje sin precedentes, que nos permitirá vivenciar el tránsito por el antiguo camino de herradura que ha comunicado durante siglos las poblaciones más aisladas y remotas del este de la provincia de San Juan (Sierras de Chávez, Sierras de Elizondo y Sierras de Riveros), en la cima de las Sierras de Valle Fértil – La Huerta. Ubicadas en un rango altitudinal de 1.000 a 2.000 msnm, en el ecotono entre la Ecorregión del Monte y la Ecorregión del Chaco Serrano, el paisaje está dominado por extensos pastizales de altura y bosques de Lithraea molleoides "molle de beber", Schinopsis lorentzii "quebracho colorado santiagueño", Ramorinoa girolae "chica" y Trichocereus terscheckii "cardón del valle".
El camino de La Cuesta Vieja tuvo, y sigue teniendo, usos muy diversos, entre los que se pueden mencionar el traslado de la correspondencia, recolección de algarrobas y extracción de sal en el Valle del Río Bermejo, arreo de animales, participación en fiestas religiosas como la de la Virgen de Santa Bárbara de Mogna, trabajos temporarios como la esquila de ovejas en el vecino cordón montañoso del Pie de Palo, abastecimiento de harina de trigo desde el departamento de Jáchal; más recientemente sirve a puesteros que llegan desde diferentes lugares de la provincia a las populares fiestas de “La Chica y El Tomillo” y la de San Antonio, en las Sierras de Chávez.
Esta zona montañosa ha sido desde antaño uno de los lugares más misteriosos y desconocidos de la provincia, debido a su escasa accesibilidad, aislamiento que ha propiciado que sus pobladores mantengan viva la cultura de sus antepasados. Esto puede verse reflejado en actividades como la autoproducción de alimentos a través de la ganadería extensiva en pastizales naturales (bovinos, caprinos, ovinos) y la obtención de frutas y hortalizas en quintas y huertas familiares. Se suma la creación de deslumbrantes prendas en telares con lana de ovejas y tintes naturales (peleros, mantas, jergones y ponchos), la fabricación de obras en cuero (riendas, lazos, guardamontes, taleros, caronas, monturas y pellones) y hierro (herraduras) para el uso en equinos, mulares y asnos, medios de trasporte en la zona serrana. Las casas y corrales siguen técnicas en donde son aprovechados los recursos locales predominando las construcciones con piedras y adobes. La flora nativa reviste una gran importancia ya que es aprovechada, según conocimientos trasmitidos por generaciones, para la alimentación y medicina, tanto en personas como en animales.